Antes de proponer nada, se mira dónde se va el tiempo de verdad. A veces la conclusión es que esto no se arregla con IA. Eso también se dice, y se dice gratis.
Cómo trabajamos
Primero se mira.
Después se construye.
La mitad de los proyectos con IA que fracasan no fallan en la tecnología: fallan porque nadie miró antes si el problema era ese. Por eso el primer paso no se cobra y a veces termina en «esto no se arregla con IA».
Los tres pasos
Cada pieza se elige por lo que aporta, y gana lo simple cuando cumple igual. Menos partes móviles es menos que se rompa un martes por la noche.
El código y los datos quedan en manos de quien paga el trabajo, documentados y con el equipo formado. Sin cajas negras y sin quedar atado a nosotros.
Lo que no negociamos
Cuatro reglas de la casa
El dato sensible no sale de casa. Cuando un sistema puede correr en el equipo del cliente, corre ahí. Lo que no hace falta enviar, no se envía.
Nada de cajas negras. El código y los datos quedan en manos de quien paga el trabajo, documentados. Si un día quiere seguir sin nosotros, puede.
Gana lo simple cuando cumple igual. Menos partes móviles es menos que se rompa un martes por la noche, y menos que explicarle al que venga detrás.
Se dice lo que no se puede. Los límites de cada trabajo están escritos en su propia ficha. Una ficha sin límites no se cree, y con razón.
Qué hace falta de su parte
- Una hora para enseñarnos el proceso tal y como es hoy, con sus atajos y sus parches.
- Una persona que pueda decidir. Sin eso, el proyecto se para en la primera duda.
- Acceso a los datos reales, aunque estén sucios. Sobre todo si están sucios.
Qué no hace falta
- Traer una idea de solución. Esa parte es nuestra, y llegar con una decidida suele salir caro.
- Tener los datos limpios. Si estuvieran limpios, probablemente no habría problema que resolver.
- Un presupuesto cerrado antes de la primera llamada: ahí todavía no sabemos ni usted ni nosotros qué cuesta.